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Opinión
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Las sucias y viejas colas de uranio

Vuelve al ruedo la idea de explotar este polémico mineral, que sembró sus residuos en Sierra Pintada.
16-05-2012

Luciano Bertolotti
jlbertolotti@diariouno.net.ar

Como residuos de un mineral extraído, hay palabras que se recuestan sobre la corteza, se cuelan como polvillo tóxico en microagendas, en algún párrafo de promesas en arengas poco naturales. Palabras que suenan a ciencia ficción, a espionaje, a secretos, a fórmulas científicas, a grandes chimeneas, inversión, trabajo, energía, progreso, guerras, destrucción, enfermedades y muerte. Invaden el ambiente como algo novedoso y necesario como para tapar su existencia, su fracaso, su venenoso abandono.

Por estos días, el uranio pasa a ser otra de las “prioridades” para Mendoza, para esta provincia que se caracteriza por sus industrias, la pesada, la vitivinícola, la turística y sobre todo la petrolera; y también marcada por ser engreída, estar endeudada, por extender la brecha entre ricos y pobres, por tener los sueldos más bajos de la región.

El uranio es un químico, un metal, un mineral, un combustible y es energía. Uranio es calor, resistencia, explosión; es lo atómico, lo nuclear, lo neutrónico, es el plutonio; es demanda, Wall Street, dólares y uno de los productos que en los últimos años multiplicaron geométricamente su valor en el mercado.

El uranio tiene un sinfín de utilidades, sobre todo se lo utiliza para los reactores que producen una mínima parte de la energía que se consume en el planeta y para gran parte del armamento bélico de destrucción masiva.

El uranio también es gas radón, radiación, contaminación, toxicidad. Es desmonte y cerros reconfigurados en secos escalones piramidales.

Se cree, se calcula, se vende la propaganda que el tercer yacimiento de uranio más grande del mundo es mendocino, el de Sierra Pintada, el de San Rafael. Ese mismo que ya extrajo el mineral durante 20 años, entre 1975 y 1995.

Ese mismo que aún hoy después de 17 años sigue la Nación, por intermedio de la CNEA (Comisión Nacional de Energía Atómica) sin sanear, sin remediar los residuos que quedaron: más de 1.000 toneladas de desechos sólidos y casi dos millones de colas de uranio.

Es más, hace dos semanas oficialmente se reconoció que se verificaron filtraciones en el dique de remediación en la mina que no puede ser reabierta por un fallo de la Corte Suprema de la Nación que reconoció, a finales del 2010, tras las denuncias de distintas organizaciones, que la zona aún estaba tóxica, sucia.

El uranio vuelve a ser prioridad dentro de la estrategia nacional como provincial, y por estas tierras se toma clases de los vecinos. La idea no sólo es lograr la explotación, también es el control juridiccional para no perderse los millones de las pocas regalías que deja.

El lobby está a full, se buscan cambios en el Código de Minería, en los métodos extractivos, de separación y de concentración, por lo menos así lo detalla la retórica oficial.

Y el uranio irradia, en esta coyuntura, en la idea del organismo que lo maneje y lo controle. Se lo quiere incorporar dentro de la empresa de energía local, que necesitan crear lo antes posible, por lo que avanzan para conseguir avales en el Senado y seducir a los ambientalistas más moderados.

Hay apuros, interesados y opositores, aunque lo que más hay, lo que sobra y también se esconde, son los residuos, los pasivos ambientales en Sierra Pintada, que llevan casi dos décadas de irresolutos gobiernos.




San Rafael. Sierra Pintada.


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