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Adiós a Hitchens, el polemista

El mundialmente reconocido periodista británico falleció el jueves. En sus libros despliega su ateísmo y críticas políticamente incorrectas.
17-12-2011

El escritor y periodista británico-estadounidense Christopher Hitchens, quien hizo del ateísmo una forma de vida con libros como Dios no existe y Dios no es bueno, falleció en Houston (EE.UU.) de un cáncer a los 62 años.

Con la muerte el jueves a la noche de Hitchens, el mundo de las letras pierde a un escritor polémico, atrevido, con un sentido del humor agudo y también a un hombre dispuesto a cruzar la acera política si eso significaba combatir a las dictaduras en cualquier parte del mundo, a las que se enfrentó con la pluma y las palabras.

Nacido en Portsmouth (sur de Inglaterra) el 13 de abril de 1949, Hitchens procedía de una familia modesta interesada en la educación, a tal punto que su madre decidió ingresarlo en un colegio privado para que diera el salto a la alta sociedad británica.

Así, Hitchens estudió Filosofía, Ciencias Políticas y Economía en el Balliol College de Oxford y se mezcló en el ambiente intelectual y la izquierda radical de la Inglaterra de los ’70.

Acérrimo opositor de la guerra de Vietnam, el escritor viajó desde joven a muchos lugares del mundo, como Polonia, la antigua Checoslovaquia o Argentina, para ofrecer su solidaridad en momentos vitales de la lucha contra el totalitarismo.

También se opuso al aborto, mientras sus libros y conferencias se centraron en defender la inexistencia de Dios.

En el 2010 tras diagnosticársele un cáncer de esófago, Hitchens reiteró su ateísmo y llegó a decirle a un periodista que lo entrevistaba: “No se ha presentado aún una prueba o un argumento que pueda cambiar mi forma de pensar. Pero me gustan las sorpresas”.

Un intelectual influyente
Sus primeros pasos como periodista los dio en el semanario The New Statesman, que le permitió asociarse a un grupo de jóvenes escritores como Martin Amis, Ian McEwan y Salman Rushdie.

Hitchens es visto hoy como uno de los intelectuales más influyentes de los últimos 30 años por sus críticas contra Henry Kissinger o la Madre Teresa, a la que consideraba una proselitista de una versión retrógrada del catolicismo.

Contra Kissinger se enfrentó en el libro El juicio de Kissinger, un texto muy explosivo que cuestionaba la gestión de la política exterior del que fuera secretario de Estado bajo el mandato de Richard Nixon y que consideraba un criminal de guerra.

Pero también dejó atónitos a sus seguidores de izquierda al apoyar la primera guerra de Irak (1990) o respaldar a la ex primera ministra británica conservadora Margaret Thatcher cuando envió una fuerza armada a las islas Malvinas (1982) porque suponía combatir la dictadura del general argentino Leopoldo Galtieri.

Ya por entonces Hitchens estaba afincado en EE.UU., donde colaboró con las publicaciones más prestigiosas a ambos lados del Atlántico: Vanity Fair, Slate, The Nation, The New York Times Review of Books, The Times Literary y National Geographic, entre otras.

Además de su antología sobre el ateísmo Dios no existe, Hitchens es autor de Dios no es bueno, Cartas a un joven disidente, La victoria de Orwell y Amor, belleza y guerra. El escritor, nacionalizado estadounidense en 2007, estaba casado con Carol Blue, con la que tenía una hija, Antonia, además de otros dos hijos –Alexander y Sophia– de un matrimonio anterior.

Cuando se le detectó el cáncer en el 2002, Hitchens estaba en plena promoción de su última obra, unas memorias tituladas Hitch-22, una obra editada en español por Debate y considerada por los expertos como un libro conmovedor, provocador e inspirador.

Más polémico que analista político, el intelectual británico se destacó por una brillante capacidad para relatar lo que observaba, lo que lo transformó en uno de los mejores periodistas de su época. Tras los atentados suicidas contra EE.UU. del 11 de setiembre de 2001 (11-S), Hitchens anunciaba que ya no era de izquierdas y, para horror de sus compañeros de juventud, aceptaba invitaciones del ex presidente de EE.UU. George W. Bush a la Casa Blanca.

Fue un gran amigo de Salman Rushdie, al que defendió cuando el régimen iraní del Ayatolá Jomeini declaró la fatwa (condena a muerte) en su contra en 1989 por considerar blasfemo para el Islam su libro Los versos satánicos.

Al conocerse la muerte de Hitchens, Rushdie dijo: “Adiós, mi querido amigo. Una gran voz ha quedado en silencio. Un gran corazón se ha parado”.



Disipador de apariencias

Christopher Hitchens decía lo que pensaba y de la manera más brutal. Por caso: “La religión es como el racismo. Cualquier versión de cualquiera de las dos anima y desencadena la otra”. Rudo y enfático, de pluma ácida y ajena a florilegios, el periodista amaba revolver las apariencias y mostrar la basura que yace bajo las flores.

Así, por ejemplo, era capaz de arremeter contra un tótem intocado como el de la Madre Teresa, en una investigación que provocó el escándalo por retratar a la monja oriunda de Macedonia como una perversa que se aliaba a los poderosos. También criticaba la izquierda actual o hacía del ateísmo una militancia. Era bravo, culto, gran prosista y ultracrítico. Así era Hitchens: no sé qué más se le puede pedir a un periodista.

Fernando Toledo
fgtoledo@diariouno.net.ar

Un peligro llamado libro

Bla!


Su nombre, La casa de papel, es apenas una pista de lo que encierra: el apasionado homenaje de un escritor a los libros, a esa presencia tan mágica como real en su vida.

Carlos María Domínguez (Buenos Aires, 1955), autor de La mujer hablada y Bicicletas negras, es un escritor argentino de gran reputación entre sus pares, con una obra construida ladrillo por ladrillo, pero que aún no “explotó” en la caja de resonancia del controvertido canon nacional.

La casa de papel cosechó varios premios y, sobre todo, excelentes críticas, como por ejemplo la de Bernard Pivot, célebre conductor de Apostrophes: “Un soberbio y brillante entretenimiento sobre el amor y el peligro de los libros”.

Traducido a 18 lenguas, esta nouvelle desanda el camino de un libro: la profesora Bluma Lennon muere atropellada mientras camina leyendo poemas de Emily Dickinson. Su colega (y amante) recibe un extraño sobre con restos de cemento dirigido a ella: se trata de La línea de sombra, de Joseph Conrad.

De ahí en más inicia una pesquisa para dar con el dueño del libro. En ese periplo se contactará con personas-personajes hasta dar con esa peculiar casa de papel, no con su habitante, que habrá de confirmar lo que ya todos sabíamos: que la vida está escrita, lo peligroso es cómo la leemos.



Polémico. Christopher Hitchens la emprendió incluso contra la Madre Teresa.

Dos ateos se saludan. Hitchens, ya con signos evidentes de su enfermedad, junto al etólogo Richard Dawkins.


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