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Lunes 15 de Septiembre de 2008  
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Javier Máscolo, a 15 años de un trasplante que marcó un hito
Fue el primer trasplantado cardiopulmonar de Mendoza. Hoy asesora a quienes han recibido operaciones de este tipo. Con 40 años, espera por una intervención similar, pero renal.

Fabián Sevilla
fsevilla@diariouno.net.ar

Hace 15 años la vida de Javier Máscolo cambió por completo cuando fue sometido a un trasplante cardiopulmonar, que a la vez marcó un hito en la historia de la medicina en Mendoza.

Hoy celebra que aquella operación lo vinculara a quien sería su esposa, con quien tuvo dos hijos, pero también que lo llevara a comprometerse en una lucha por contener e informar a otros trasplantados como él.

Javier (40) nació con una malformación cardiopulmonar llamada cardiopatía congénita. Cuando tenía 24 meses lo operaron por primera vez, pero su expectativa de vida no era de más de 12 años. “Dios me hizo durar hasta los 25 y cumplí los 26 internado en el Hospital Italiano esperando el trasplante”, sostiene.

Es que el 15 de setiembre de 1993, tras dos años en lista de espera, fue sometido a un trasplante de un corazón y de un pulmón que hasta horas antes habían dado vida a Chacho Villagra, un futbolista cordobés muerto trágicamente. Además de salvarlo, la intervención fue la primera de ese tipo en la provincia y estuvo a cargo el equipo de Cirugía Cardíaca del Italiano, liderado por Claudio Burgos.

Desde entonces su vida dio un giro. Cuatro años después de ser operado, Javier se casó con Cinthia Miranda (quien hoy cumple 37 años), que por entonces era una vecina que estuvo a su lado durante el pre y el posoperatorio.

El 6 de febrero de 1998 ambos fueron padres de Micaela (10), quien nació sin ningún tipo de problemas; luego, a la familia se sumaría Saverio (8).

“Como cábala nunca hice un festejo cuando se cumplía un aniversario de la operación. Esta vez, mi modo de celebrar es mostrándome como un ejemplo para muchos trasplantados o que aguardan una operación de que puede haber una existencia tranquila, sin problemas y que la medicación de por vida es sólo un detalle”, explica.

Javier, quien ahora debe someterse a un trasplante renal, suma al balance el haber contribuido a sostener emocionalmente a otros que pasaron o pasan su misma situación. “Nunca me sentí discriminado o maltratado, pero sé que hay quienes tienen que lucharla mucho para conseguir la medicación o que los atiendan, sobre todo en algunas obras sociales estatales”, comenta.


La fundación
En este tiempo, Javier creó dos entidades. Con Ángel Palmieri, quien es trasplantado cardíaco, y Domingo Soto, implantado renal, originaron la Fundación de Ayuda al Pre y Post Trasplante de Órganos, “que se posicionó muy bien a nivel nacional, lo cual sirvió para conseguir subsidios para comprarles medicación a muchos. Cumplió un rol muy importante en la crisis de 2003, cuando no se conseguían”.

Ahora, junto con otros dos trasplantados, Omar Curra y Jorge Abdala, más las respectivas esposas del trío, llevan adelante la Fundación de Ayuda a la Vida y el Trasplantado (FAVIT), con la cual “conseguimos mucha medicación que incluso entregamos al Incaimén y al Italiano”. En ese rol Javier hace constantes capacitaciones en el Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (Incucai), que lo preparan sobre todos los aspectos para la vida de estos pacientes y sus familiares.

“Es importante que tengamos mucha participación, porque nuestra experiencia sirve para mejorar el sistema”, destacó.



Una vida muy activa junto a su familia

Amante de los deportes, la cardiopatía congénita le impedía a Javier Máscolo poder practicarlos. Trabajaba con su padre, que tenía la concesión del bar del viejo Hotel Argentino, pero dos años antes del trasplante su condición lo obligó a jubilarse por incapacidad.

Hoy vive de esa jubilación, mientras que su esposa, Cinthia, cuida a un bebé en las mañanas. “Y así la vamos llevando”, comenta Javier, quien entre los logros de estos últimos 15 años está el haber conseguido una casita a través del IPV en el barrio Covimet IV, en Guaymallén, “la cual pude ampliar y hoy tengo el orgullo de la casa propia para mi familia”, añade.

Sin embargo, su vida no es muy activa. “Me encargo de mis hijos en la mañana y tres veces por semana debo ir a hacerme diálisis”, señala. Eso porque actualmente se encuentra en lista de espera nacional, ya que debe ser sometido a un trasplante renal. “El remedio que debo tomar es nefrotóxico y arruina los riñones. Pero actualmente hay medicamentos nuevos que no causan ese daño”, explica.

Mientras aguarda el momento de volver a la sala de operaciones, insiste en que “pese a todo, uno le pone el pecho porque quiere seguir viviendo. Están mi señora y mis hijos, que me necesitan y para quienes siento soy un modelo de que siempre hay que luchar sin rendirse”.


En síntesis

nnJavier Máscolo recibió un corazón y un pulmón el 15 de setiembre de 1993. Fue el primer trasplante de ese tipo en Mendoza.


nnHoy tiene 40 años. Vive con su esposa, Cinthia, que hoy cumple 37; los hijos de ambos, Micaela (10), Saverio (8) y Sebastián (17), de un matrimonio anterior de la mujer.


nnActualmente es parte de la Fundación de Ayuda a la Vida y el Trasplantado (FAVIT).


Un tipo muy agradecido

Javier sólo tiene puros agradecimientos hacia quien tuvo a cargo el equipo que lo operó: Claudio Burgos, “pero especialmente a Manuel Rodríguez, un médico que sigue en contacto con los pacientes y está dispuesto sean las tres de la mañana o domingo, y a los enfermeros del Italiano, son espectaculares. Se encargan de mi salud y la contención emocional”. También agradece a su esposa, Cinthia, “uno de los milagros en estos 15 años, donde hubo buenas y malas”. Entre estas últimas cuenta una operación en 2006 para extraerle un tumor del intestino y que lo llevó al borde la muerte. “Ella siempre estuvo ahí, incluso se internó conmigo. Sé que es difícil, pero sigue a mi lado”.

Devoto de San Martín de Porres, santo de los enfermos, Javier lo honra los 3 de cada mes. Lo asocia con momentos positivos: “Mi hijo Saverio nació un 3 y cada vez que me informaban los buenos resultados de un estudio, era un 3”.



En familia. Javier Máscolo junto a los suyos, a quienes considera un “milagro en éstos 15 años de transplantado” .

Luchador. Además de afrontar su recuperación, Javier se hace tiempo para honrar a San Martín de Porres.

Con el médico. Claudio Burgos y Javier tras la histórica operación.


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