Mendoza
“Chanchadas” que se dicen en la cama
Muchas de las llamadas “malas palabras” tienen relación con ciertas partes de nuestro cuerpo o con la sexualidad. ¿Es que el sexo sigue siendo condenable?.
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Marcela Furlano mfurlano@diariouno.net.ar
Desde chicos nos amenazan con lavarnos la boca con jabón si volvemos a decir “esa” palabra. Ya mayores, si salimos a la calle escuchamos ese y otros vocablos de la boca de un señor que, lejos de decir un piropo, detalla todo lo que haría si nos tuviera a mano. En la cancha, si el árbitro se equivoca con el equipo de nuestros amores surge como una oda que tributa nuestro enojo, el siempre vigente “hijo de puta, hijo de puta”.
Y es que las llamadas “malas palabras” son casi siempre referencias a algunas partes de la anatomía humana o a la sexualidad. Al parecer no hemos podido desapegarnos del concepto de que el sexo es sucio y malo.
Eso no se dice
En su libro Las malas palabras, el psicoanalista e investigador argentino (rosarino, para más datos) Ariel Arango analiza que ya en los pueblos primitivos existía la prohibición de decir ciertos vocablos. Son las llamadas palabras “tabú”. Este término es de origen polinesio y tiene dos sentidos opuestos: por un lado remite a lo sagrado o consagrado y por otro, a lo prohibido, a lo impuro e inquietante. ¿A qué hacían referencia esas palabras tabúes?: “a los nombres personales, de parientes, especialmente los de las personas más íntimamente relacionadas por la sangre como esposos, suegros (...) los nombres de los muertos; de reyes y otras personas sagradas y los nombres de los dioses”. Las penas por infringir esta normativa podían ir desde el calabozo (Siam) hasta la pena de muerte en los guajiros de Colombia.
Nosotros, los que nos llamamos integrantes del mundo civilizado, no vamos al patíbulo por decir malas palabras, pero sí restringimos su uso a determinadas situaciones y son, por lo general, desterradas del lenguaje correcto cotidiano. Eso sí: nada de nombres de reyes y en cuanto a parientes, la palabra pasa a ser mala cuando, por ejemplo, nos remiten a cierta parte anatómica de nuestra querida madre.
Cochinos
Arango escribe en su libro que “‘las malas palabras’ mencionan siempre partes del cuerpo, secreciones o conductas que suscitan deseos sexuales. Las ‘malas’ palabras siempre son obscenas”. Y para delimitar mejor el campo, recurre al Diccionario de la Real Academia Española que define obsceno como lo “impúdico, torpe, ofensivo al pudor”. Pero si se trata de adentrarse más en su etimología, quizá sea una modificación del vocablo latino “scena” y significaría literalmente, “fuera de escena”. Es imposible no preguntarse por qué algo tan natural y placentero como nuestros cuerpos y nuestra sexualidad se queda, al menos en el lenguaje, “fuera de escena”.
Campo liberado
Muchos amantes afirman el excitante poder que tienen las “malas palabras” en la intimidad. Allí no se dice vulva o pene, sino apelativos diferentes y variables, que en el lenguaje cotidiano son tildados como vulgares pero que tienen una enorme carga erótica al ser pronunciados. Es como la liberación del tabú, la posibilidad de susurrarle al otro esas palabras prohibidas, lo que se piensa y calla y que, por fin, encuentran un espacio no censurable.
Por supuesto que no todos quieren escuchar este tipo de vocablos, pero la gran mayoría acepta que es un recurso que emplea para motivar la propia excitación y la de su pareja. “Sabemos ahora que las ‘malas’ palabras son ‘malas’ porque son obscenas. Y son obscenas porque nombran sin hipocresía, eufemismo o pudor lo que no debe mencionarse nunca en público: la sexualidad lujuriosa y veraz”, sentencia Arango. Una buena frase para reflexionar sobre las connotaciones que el sexo tiene en nuestra vida cotidiana.
¿Vos usás “malas palabras” en tu vida sexual? ¿Te parece un recurso excitante? Dejanos tu comentario en www.diariouno.com.ar
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El derecho a la obscenidad
Ariel Arango hace una encendida defensa de las llamadas “malas palabras” y arenga porque ocupen un lugar en el lenguaje cotidiano.
Afirma que la condena a las voces obscenas es “una reliquia de nuestro pasado ancestral que lleva en sí las huellas de las terribles prohibiciones que le dieron origen. Es, propiamente, una pieza arqueológica en nuestro mundo civilizado”.
Es más, considera que con la liberación de estas palabras el ser humano recuperaría su derecho a la obscenidad, “porque tiene derecho a pensar, sentir y expresar francamente sus emociones eróticas; porque tiene derecho a gozar lujuriosamente de la pasión amorosa”.
Más allá de coincidir o no con la “liberación” de estos vocablos, Arango hace un recorrido por autores, filósofos y psicoanalistas que han empleado estas palabras para expresar su sexualidad, ya sea de forma literaria, en una comunicación epistolar o estableciendo el poder que para un paciente tiene la mención de estas palabras tabúes en el psicoanálisis.
Es también un repaso a los principales temores de la humanidad con respecto al sexo, como el adulterio, el incesto, la sexualidad desenfrenada, el rompimiento de los “códigos” sociales en este ámbito y cómo esto termina reflejándose en nuestro lenguaje.
Curiosidades
Liberando el lenguaje liberamos también el alma.
Sólo así podrá el hombre zafarse de la cruel y
arcaica coacción psíquica del tabú”.
Ese hombre es...
El psicoanalista Sigmund Freud decía que a través de la manera en que un hombre se desempeña en su vida cotidiana pueden deducirse algunas características de su vida sexual. Y como ejemplos, Ariel Arango refleja algunas de nuestras expresiones cotidianas, al afirmar que de un individuo puede decirse que tiene una inteligencia “penetrante” o que es un tipo “entrador”.
Insultos por enfermedad
El síndrome de Tourette es una extraña enfermedad que produce movimientos y sonidos fuera de control, lo que comúnmente se llaman “tics nerviosos”, pero también puede darse que digan palabras groseras reiteradamente. Suele manifestarse más en hombres que en mujeres y en la infancia o adolescencia, asociado a otros trastornos, como el obsesivo compulsivo o la ansiedad.
De lo que se hace en el baño
Todas las que tienen que ver con defecar y la micción también son consideradas “malas palabras”. Arango analiza lo extraño de este fenómeno, porque no hay ser humano que sobreviva sin esto, pero obviamente estas funciones fisiológicas también están ligadas al placer, el que se produce con la expulsión de los excrementos y líquidos corporales. Si no, hay que recordar la cantidad de chistes con esta temática.
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Al oído. Las “malas” palabras para muchos son muy excitantes, tanto en los juegos amorosos previos como en el clímax.
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