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Domingo 15 de Junio de 2008  
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Escenario
Favio habla de su enfermedad y de su nuevo filme
Aniceto El gran director mendocino habla sobre su vuelta al cine, luego de 15 años y con una versión de su clásico. También se refiere a su estado de salud.

Fernando Toledo
fgtoledo@diariouno.net.ar

Acaba de cumplir 70 años y dice que es un espectáculo la vida. Que no se ha perdido ninguna de sus funciones, que recuerda todos sus detalles. Espectador enamorado de lo que le pasa por delante, Leonardo Favio parece querer devolver esa belleza cada tanto. Ahora han pasado 15 años desde Gatica, el mono, su última cinta de ficción (por el medio pasó su majestuoso documental Perón, sinfonía del sentimiento), y el más grande director argentino de todos los tiempos regresa con su nueva creación.

Aniceto es el regreso de Favio y cualquiera que ame el cine no puede haber hablado de otra cosa esta semana, la de su estreno oficial en Buenos Aires. ¿Aniceto? Sí, otra vez Aniceto. Es una nueva mirada sobre su inolvidable película de 1966, la de título largo: Éste es el romance del Aniceto y la Francisca, de cómo quedó trunco, comenzó la tristeza y unas pocas cosas más. Como una ironía, aquella cinta era como una partitura minimalista: notas visuales breves, silencios como llagas, gestos como los cuchillos que hacen esas llagas. Ésta, en cambio, que tiene el título tan ínfimo, es poco menos que una orgía visual y musical, en la que los personajes estallan en danzas bañadas por la luz de los reflectores que Favio ha dispuesto en un decorado que recree, de la manera más puntillosa posible, todo lo que viene maquinando en su hermosa cabeza desde hace casi una década.

Vamos a hablar con Favio ahora, para que nos cuente de este regreso al arte que él mismo ha mejorado. Pero hace falta escucharlo en tiempo presente, evitando la obviedad de que la entrevista ya fue realizada, el jueves, por teléfono, mientras el periodista manipulaba su grabador en Mendoza mientras Favio se desperezaba de su siesta en el barrio de Once, en Buenos Aires, nada menos que el día del estreno oficial de Aniceto. Hace falta, entonces, hacer no como que se lee, sino como que se escucha su voz, la misma de las canciones pero acaso más rasposa y cercana.

–Hola, Favio, le estoy hablando desde Mendoza. No sabe el día hermoso que hace aquí…
–No empecemos con mala onda, che. Me vas a hacer dar envidia (risas).

–Me imagino que hoy habrá pedido que le traigan todos los diarios. Las críticas a Aniceto han sido muy favorables. ¿Siente un regocijo especial por ello?
–(risas) Te va a parecer increíble, pero no he leído nada. Hace cinco minutos que me me he despertado nada más que para escucharte a vos.

–Bueno, dígame, ¿cómo se anima a rehacer una película que era perfecta? De paso le digo que si no es porque se trata de usted mismo, a otro que la hubiera querido encarar se le habría armado un despiplume…
–(risas) Es que ésta no es otro Aniceto... no es lo mismo. Digamos que esto es una experiencia largamente soñada, con la que he buscado involucrar casi todas las disciplinas de la belleza del arte, en especial la pintura. La he hecho soñando mucho con (el director japonés de cine Akira) Kurosawa, estudiando a (el pintor español Joaquín) Sorolla y a grandes clásicos de la pintura. Esto que cuento va a resultar complejo e intelectualoide para mucha gente, pero no es así, es algo muy simple. La pintura lo abarca todo, desde el comienzo de la película, en sus diversas expresiones. Obviamente también los sonidos, algo que siempre ejercité, como música en sí. Los sonidos del canto de los grillos, de los pájaros, todo eso que nos embellece la vida. Eso que los mendocinos conocemos muy bien, aunque a los que vivimos acá se nos pierde.

–¿Y qué tenía la historia de Aniceto que lo subyugaba tanto como para volver a ella y elegir el ballet como expresión?
–Aquel Aniceto estaba poblado de silencios, era como la siesta mendocina. Estos silencios que yo trabajaba con brisas, con sonidos de río y pájaros. Pero muchas veces el celuloide no reflejaba la banda sonora que yo había soñado. Siempre soñé transportar esas cosas a la música. Yo había soñado con hacer de Aniceto una ópera. Hasta que una noche, invitado al último cumpleaños de Niní Marshall –quien estaba enamorada de mí, te cuento–, nos cruzamos con (el productor) Lino Patalano, que es un apasionado de mis películas Crónica de un niño solo, El dependiente y El romance... Y él me preguntó: “¿Nunca se te ocurrió hacer un ballet de El romance...? Porque yo, cada vez que la veo, me imagino un ballet”. Allí se me prendió la lamparita. Como soy buen escuchador, le dije: “La verdad no se me había ocurrido, pero contame”. Y me hizo un desarrollo tan hermoso de su idea que cuando volví a casa me puse a trabajar inmediatamente. De eso han pasado unos ocho años. Elaboré toda la parte de escenografía primero, convoqué al director de arte Andrés Echeveste, dándole las imágenes que soñaba, pero siempre pensando en montarla en un teatro al estilo de Caminito, que se hacía al aire libre. Posteriormente, Iván Wyszogrod, el músico, me convenció de que la lleváramos al cine, y en esto estuve los últimos cuatro años de trabajo. Los primeros fueron para la música y el decorado; los últimos, para el desarrollo cinematográfico, sobre todo en lo referido a las imágenes pictóricas que yo soñaba, en especial porque los gallos de riña se prestaban mucho para eso. Trabajé mucho la parte actoral también, pero me encontré con un milagro, que son Hernán Piquín y las dos chicas, Natalia Pelayo y Alejandra Baldoni.

–Usted ha quedado prácticamente enamorado del talento de ellos…
–Es un milagro. Es la prueba definitiva de lo cual yo siempre me he jactado. Y es que Dios tiene que estar en el centro de toda obra, desde que uno se levanta hasta que se acuesta. Yo siempre llevo, cuando estoy creando, al centro a Dios, a la izquierda a la gente y a la derecha a la estética. Lo de estos chicos hay que verlo: es impresionante. En especial lo de Piquín...

–¡Qué manera de abrirle a él las puertas a la actuación!
–¡Sí! Pero ya vas a ver que me lo van a robar... (risas). Es que tiene todo el talento. Además es tan... bonito, pero del verbo bonito, ¿eh? (risas). Tiene una pinta loca (risas).

–Por otra parte, Aniceto está imaginada en Mendoza..

–Por supuesto. En la película está Mendoza, se nota Mendoza y se huele Mendoza, sobre todo el Luján de Cuyo de mi niñez. No el de ahora, que está arruinado al ser una ciudad importante. Está el Luján de Cuyo que era un pueblito de calles terrosas, de casas de adobe, como yo sueño hacerme alguna dentro de unos años.

–A un mendocino le emociona oír que a un grande como usted le siga latiendo por dentro la tierra en que nació...

–Mendoza está en mi corazón, en mis entrañas. Y está también aquí, en este estudio desde donde te estoy hablando, en este lugar donde duermo la siesta. Acá, el que entra se encuentra en Luján de Cuyo, con fotos, cositas que me permiten que donde sea que pose la mirada me encuentre con algún rasgo de mi lugar...

–Digamos que usted se acuesta en el barrio de Once, pero para soñar con Luján...

–¡Exactamente! Es más, mi casa es grande, pero la parte en que yo estoy está bastante alejada de la calle. Tengo que salir a una pequeña terracita para ver la calle, entonces no hay ningún ruido. Lo único que se escucha es una canción de Sandro, Serrat o Vivaldi. Todo el sonido es mío, como mía es la soledad en que me refugio, porque me gusta estar conmigo.

–¿Qué me dice del gran presente que están viviendo los cineastas jóvenes de nuestro país?
–No me parece nada extraño, porque hay gente de mucho talento. Además, cuando regresé a la Argentina (después del Proceso), había 19 mil estudiantes de cine. Hoy en día, las cámaras actuales y el desarrollo tecnológico les permite crear libremente, no como cuando yo era pibe, que tenía que cargar cámaras enormes y gastar mucho dinero para hacer realidad nuestros sueños. Así que si de este gran cardumen de cineastas jóvenes no salen 20 o 30 nombres con talento, cambiemos de oficio.



Coldplay también lo admira

–Sabemos del amor terrible que le tienen sus admiradores, no sólo como cineasta sino también como cantante. Y ese amor trasciende las fronteras, parece. Hace poco, el grupo de rock inglés más famoso del momento, Coldplay, arrancó un recital entonando los versos de O quizá simplemente le regale una rosa ¿Qué me dice de esa otra cara de Leonardo Favio?
–La canción me ha dado grandes satisfacciones, me hizo conocer el mundo, ganar amigos y me ha dado reconocimiento en la gente. Yo sé que en este momento nosotros estamos charlando y en algún lugar de Latinoamérica está sonando una canción de Favio. Eso es muy lindo, porque aparte de permitirme vivir con dignidad y tomarme mi tiempo para elaborar lo que sueño para las películas, te hace sentir querido por gente de la que formás parte.


“Tengo una enfermedad que se nota en el dolor”

La fuerza de las imágenes de Aniceto (www.anicetodefavio.com.ar) transmiten el pulso de un cineasta pleno, vigoroso, desbordado. Pero Favio no ha estado del todo bien, aunque mejora. Por eso, porque este diálogo invita a ello, no es extraño preguntar por ese espinoso asunto.

–¿Cómo anda usted de salud?
–Afortunadamente, bien. Mi enfermedad me ha inhibido de muchos placeres, como es el de poder caminar libremente, pero sólo por el momento. Mientras, tengo una cinta para caminar, cuando me levanto a las cinco de la mañana, que es la mejor hora para leer y hacer todo porque uno está más descansado. Hago unos 20 minutos diarios, una rutina que luego iré acrecentando. Además tengo una bicicleta fija y hago toda una terapia de gimnasia, porque la enfermedad que tengo afecta los músculos si uno se queda quieto. Pero estoy bastante bien. Ésta es una enfermedad que se nota más en el dolor. Se llama polineuritis. Es como si tuvieras por dentro unos cables que van perdiendo su cubierta. Eso pasa con las terminaciones nerviosas. Me pasa a veces que vienen calores tremendos o fríos insoportables. Pero lo voy manteniendo tranquilo con un nuevo medicamento alemán que me alivia. Eso me permite trabajar. También es cuestión de no tener disgustos, de que no te vengan con noticias jodidas porque uno reacciona a hechos que te conmocionan o te duelen. O también grandes emociones... al final no sabés qué carajo hacer (risas). Pero estoy feliz, aprendí a asumir la vida.

–¿Eso significa mirar a la muerte?
–Ésa es nuestra cita en común, para eso no hay trincheras. He vivido tan plenamente cada segundo de mi vida y tan feliz... Desde chiquito he sabido acerca de lo que me rodeaba. En mi niñez, en Luján, solía sentarme durante horas frente a una acequia a oír el ruido del agua, a oler las flores de mi tía Berta en su jardín, a mirar los coleópteros y todo bicho que andaba por ahí. No me perdí ese espectáculo, de ninguna manera. Se hablan muchas fantasías de Favio, fantasías que quizá tienen que ver con el cariño que me tienen, con el que todos narran a un Leonardo Favio que en realidad no existió...


pedidos de Leonardo Favio

Leonardo Favio ya imaginaba la edición de hoy de Escenario y por eso hizo dos pedidos expresos, a modo de favor, para la publicación. Tienen que ver con su niñez y juventud y con un recuerdo que le es esquivo. El primero es justamente la foto que nos envió en la que aparece junto a tres de sus amigos de la infancia. Otro favor fue la publicación textual de una frase dedicada a un familiar muy querido por el cineasta.


Solidaridad

“Es una foto misteriosa, en la que estoy con unos amigos en Luján. Quiero que la publiquen porque quiero descubrir quién es el chiquillo que está a mi izquierda. Allí se ve a Bordón, un muchacho maravilloso que aparece con la cara borroneada; está Carlos Di Marco y estoy yo con una juventud divina. A mi izquierda hay alguien con el que yo sé que fuimos amigos y no logro recordar el nombre. Por favor, que se comunique con el diario o conmigo que lo quiero recordar”.


Breve frase para un ser amado

Favio se refiere emotivamente a Arturo Lerena, hermano de su madre, quien le regaló cuando niño un camioncito de juguete (de YPF) y unos centavos. Un regalo que todavía atesora como un jalón de su infancia.


El estreno de Aniceto en Mendoza

El propio Favio lo confirmó: “El estreno en Mendoza de Aniceto se va a hacer en San Rafael en homenaje a un amigo que tengo allá, que es el intendente Omar Chafí Félix, a quien quiero mucho. Y por supuesto, no me lo voy a perder”. La fecha se confirmará recién mañana, pero el cineasta mendocino anticipó que estará presente durante el estreno. Favio fue la figura central en 2006 del Festival de Cine de San Rafael (foto).




Rodaje. El distinguido realizador mendocino volvió a filmar ficción luego de 15 años. Y lo hizo con una historia ya rodada por él: Aniceto, ahora en su versión “ballet”.

El bailarín que actúa. Leonardo Favio quedó gratamente sorprendido con el debut actoral de Hernán Piquín en su filme.


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