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Domingo 8 de Junio de 2008  
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Ovación
La fe mueve ascensos
Guillermo Franco vive con felicidad el regreso de Godoy Cruz a Primera A . Esta es la historia del defensor que había abandonado el fútbol para dedicarse a una misión como Mormón. “Mi deseo es enseñar la palabra de Dios”.

Omar Romero
oromero@diariouno.net.ar

La creencia en Dios le ganó al fútbol. Es una cuestión de fe, y eso para Guillermo Franco es lo más importante de todo. Por esto fue que en el año 2004 el defensor de Godoy Cruz adoptó la determinación de abandonar la práctica profesional del fútbol para abocarse a una misión que se extendió por tres años como representante de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos días, más conocidos como mormones.

Después de cumplir con su mandato de fe, Franco volvió a calzarse los cortos y jugar para el Tomba, equipo con el que logró el ascenso a Primera A. El jugador nos recibió en su casa y se mostró muy feliz de posar para la foto junto a su esposa, Lorena, y el crucifijo de Jesucristo.

–¿Cómo empezó todo?
–En el 2002, unos misioneros llegaron a mi casa y empezaron a enseñarle la palabra de Dios a mi familia. Por aquel entonces yo estaba jugando en la reserva de Lanús. Ahí conocí la iglesia y empecé a asistir. Decidí bautizarme, y a partir de ese momento fuimos miembros de esa iglesia. Así nació mi deseo de poder ayudar a otras familias.

–¿Qué significa ser mormón?
–Este apodo quedó por el libro del Mormón. Nosotros, en la misión, les regalábamos el libro del Mormón a las personas y lo primero que la gente decía era “¡ah, los mormones!”. El libro fue escrito en las Américas. Esos registros se guardaron para que salgan en los últimos años, y salieron a la luz. Nosotros leemos el libro del Mormón y también la Biblia.

–¿Y cuándo decidiste dejar el fútbol para dedicarte a la misión?
–Los deseos fueron tan grandes de comenzar a misionar que decidí rescindir el contrato con Defensa y Justicia y con Lanús. Sentí que tenía que ayudar a la gente, así como nos habían ayudado a nosotros.

–¿Qué te expresaron tus compañeros cuando tomaste esa determinación?
–Los compañeros de Lanús, los de Defensa y también mi representante en un principio me dijeron que estaba loco. En ese momento yo estaba pasando un buen momento, era titular. Podría haber ganado mucho más dinero, pero al ver mi convencimiento todos me expresaron su apoyo.

–¿Cómo era un día típico tuyo en la misión como mormón?
–Me levantaba muy temprano, desayunaba, leía la Biblia, la escritura de Dios. Después salíamos a la misión con un compañero y golpeábamos muchas puertas. Algunos nos abrían, otros nos. Eso lo entiendo, a mí me pasaba lo mismo cuando me visitaban los misioneros, en un principio me escapaba o les decía que no estaba mi familia.

–¿Caminabas mucho?
–Con un compañero teníamos un aparatito que medía los metros. Estábamos como diez horas, de las 10 de la mañana hasta las nueve de la noche. Parábamos sólo para almorzar. Caminábamos con mucha fuerza y cada vez más rápido.

–¿Estuviste misionando en algún lugar de Mendoza?
–Estuve cuatro meses en el barrio Cristo Redentor de Las Heras. También en El Plumerillo y en El Algarrobal. Y en el centro anduve como un mes y medio.

–¿Cómo hacés para asistir a la iglesia cuando estás concentrado con el equipo o debés jugar un partido?
–Todos los domingos voy a la iglesia, pido permiso y asisto regularmente.

–¿Sos de rezar en los partidos?
–Sí, rezo una oración...Le digo a Dios lo que en ese momento siento. Le agradezco que yo sea un privilegiado de poder estar en una cancha y poder hacer feliz a mucha gente.



El amor por su padre

Guillermo Franco fue utilero y jugador de un club al mismo tiempo. Fue de los 12 a los 14 años, cuando estuvo en el Country Club de Valentín Alsina. En su infancia trabajó además en una librería para poder ayudar a su familia.

La persona que le inculcó la pasión por el fútbol fue su padre, por eso Franco sufre mucho porque su papá hace 16 años que no camina.

“Cuando enfermó mi padre y no podía caminar yo dije que si no podía ir a la cancha con él no jugaba más. Y por un tiempo dejé de jugar. Después, cuando volví al club de Valentín Alsina, había que pagar una cuota, y como no podía costearla me puse a trabajar en el club: lavaba la ropa, era el cobrador de la entrada al club y también otras cosas. Así, con lo que ganaba podía pagar el pasaje en micro hasta el club, la cuota y también los botines”, recuerda el defensor.

Actualmente, Franco está cursando el Profesorado de Educación Física. “Me encanta el deporte, y por eso quiero seguir ligado a esto. La vida de futbolista no dura para siempre”.





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