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Domingo 8 de Junio de 2008  
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Escenario
Viviendo todo un día al ritmo de Charly
Un día en la vida Escenario acompañó al rockero en su visita a Cuyo. Un documento imperdible.

Oscar Trapé
otrape@diariouno.net.ar

Queda claro que, después de haber compartido un día junto a él, es definitivamente Charly García quien enciende y apaga la luz. El músico hace y deshace cuando quiere, porque, como él dice: “Mi capricho es ley”. Así es y así vive las 24 horas del día la superestrella del rock nacional.

Por eso Escenario se animó a “convivir” con el señor García, desde que llegó el viernes a la tarde al aeropuerto de Mendoza para partir hacia su “largo” viaje a San Juan. Y también fue testigo de todo lo que despertó en la vecina provincia, no sólo por su presentación en el boliche Hugo Espectáculos, sino también por su vibrante manera de vivir.


Llegada y partida a la vez
El viernes, a las 16.30 en punto, Carlos Alberto García (Charly, bah) pisa el suelo mendocino. En el trayecto de la salida de la aeroestación Francisco Gabrielli hasta la limusina que lo espera para ir a San Juan, tenemos el primer contacto con el interminable rocker, como para ir ambientándonos a la agitada jornada que nos espera.

–¿Contento de estar en Mendoza?
–Sí..., está bueno che.

Pero el diálogo con Charly es corto, se preocupa por divisar el vehículo impecablemente blanco que lo espera. “¿Dónde está mi limusine?”, pregunta, hasta que la ve y se sube. Pero antes se despide, casi vociferando: “Nos vemos a la vuelta, en lo de Cacano”.

A su lado está su inseparable novia, la veinteañera Mercedes, a quien llaman Mecha. Es una bella conductora de un programa televisivo de música. La chica, de primera impresión, se muestra como una especie de “guía” del músico.

Pero para no perderle pisada a Charly, nos vamos en la camioneta de Hugo de Bernardo (el dueño del local donde García tocará a la noche), que enfila para la ruta 40.


No va en limusina, va en auto
Llegamos al distrito mendocino de Jocolí, y Hugo de Bernardo mira por el retrovisor y se manda a la banquina. Es que Charly se está bajando de la limusina. Nos cuentan que el músico quiere escuchar una copia de su disco inédito Kill Gil, pero el CD “salta que te salta” en el estéreo del lujoso auto. Entonces García se cambia al auto de uno de los custodios. Y la limusina sigue a San Juan, con sólo los choferes adentro.

Llegamos al primer control para salir de Mendoza, miramos para atrás desde la camioneta y lo vemos al mismo músico cambiando algunas palabras con un vendedor de sánguches de jamón crudo. Ahí nomás bajamos la ventanilla y escuchamos: “Un sánguche por una foto”, desafía García al vendedor. Pero no sigue el juego: paga el creador de La hija de la lágrima paga como debe ser el delicioso aperitivo, el sanguchero saca igual una foto con el celular, y todos seguimos viajando.

Hasta que volvemos a hacer un alto. El rockero ahora tiene necesidades fisiológicas y va en busca del yuyo alto que costea la ruta. Lo encuentra y se baja a orinar, pero ya sus pantalones están mojados.

La vejiga de Mercedes, la acompañante de Charly, también exige una descarga. Y vamos a parar a la primera estación de servicio de Media Agua, en la entrada a San Juan. Charly baja disparado hacia el drugstore y se abalanza sobre el expositor de CD. Todos en el lugar se quedan con la boca abierta al verlo y se acercan para comprobar que sea “el mismísimo”.

“Me llevo esté”, señala decidido después de meditarlo un rato. ¿Qué elige? Una recopilación de la histórica banda Creedence Clearwater Revival. Chusmea otras góndolas junto a Mercedes, saca dos alfajores y se sube al vehículo para seguir su camino. Ahora es Hugo de Bernardo quien paga. Casi llegando al centro sanjuanino, Charly regresa a la limusina para que su arribo sea con todo el glamour de una verdadera estrella.


Derecho a la pieza
El lujoso rodado entra al estacionamiento de la Villa Don Tomás, donde ya tiene su habitación lista (su teclado y un sistema de audio lo espera arriba de la cama) y Charly García quiere llegar rápido a su habitación. Lo anticipa en el camino Monitor, su asistente de siempre, que lo guía hasta la suite. El fundador de Sui Generis se quita los pantalones y pone sus dedos arriba de las teclas. Quiere descansar un poco. El viaje ha sido corto, pero lo ha desgastado igual. Y su compañera, Mercedes, se pone cómoda y se cambia los zapatos charolados blancos que tiene por unas botas negras de cuero, para caminar un rato.

Luego Mecha parte rapidito al centro para comprarle algunas chucherías que “su chico” ha pedido para el recital que brindará en unas horas. Entre los encargues extravagantes están: unos guantes, aerosoles (infaltables), cinta de papel y una cama de una plaza, que tiene intenciones de subir al escenario.

Cuando ya todos lo pedidos están cumplidos, Charly se siente listo para subir al escenario.


Un prueba de sonido larga
Son las 22.30 y en el boliche Hugo Espectáculos se abre un gran portón lateral verde para que entre la limusina blanca, con García adentro y todo. Éste se mete “de una”, ya producido con un pañuelo en la cabeza que emula un turbante al mejor estilo talibán. El legendario músico no pierde el tiempo y con sus músicos chilenos (Kiushe en guitarra, Carlos en bajo y Tonio, en batería) se mete de lleno en la prueba de sonido.

En ese momento el autor de Cerca de la revolución comienza a destilar una claridad y una lucidez que parecían ausentes. En la puesta a punto “pela” una versión potentísima de Pasajera en trance. Aunque a cada rato interrumpe para que proyecten imágenes de él. “A mí nadie me dice que no”, tira en forma autoritaria, y alrededor todos agachan la cabeza. Pero todo sigue, la prueba de sonido se termina después de 70 minutos.


Menos de una hora
Ahora el de bigote bicolor está ansioso por salir a escena y encontrarse con sus fans sanjuaninos. Es lo que se percibe en el ambiente, detrás de las tablas.

Son las 0.30 de la medianoche sanjuanina y se abre el telón negrísimo del lugar. El Flaco García está arriba del escenario y arranca con el tema Che, una canción potentísima e inédita del músico.

Ahí nomás llegan las versiones roqueras de Popotitos, Dinosaurios, Confesiones de invierno y No voy en tren. Pero algo no le gusta al músico, porque sigue exigiendo las imágenes que él quiere que aparezcan en las pantallas gigantes de los costados. Y no tarda en llegar la primera retirada del impredecible García, aunque es sólo un amague, porque a los pocos minutos vuelve para continuar con el show. Los movimientos del rockero comienzan a ser cada vez más violentos sobre el escenario hasta que tira el micrófono al piso y le pone fin al su show de apenas 50 minutos.

Apenas baja del escenario dice: “Me gusta dejarlos a todos bien calentitos”, mientras se mete en su camarín lleno de chicas jovencísimas, que lo están esperando.


La zapada que no fue
Como a las 5 de la mañana nos enteramos que Charly se está acomodando en la VIP para zapar con los músicos. Cuando llegamos al lugar Charly está furioso porque ya han desarmado todos lo equipos.

–¿Por qué te enojás?
–Porque me arruinan la carrera.

–¿Qué, ya te vas?
–Sí, ¡vamos!– grita con la mirada perdida y buscando la salida.

García se va por su camino y nosotros seguimos el nuestro. Ya conocimos un día de su vida paseándose por tierras cuyanas y dejando su huella. La de un auténtica estrella de rock, esa que brilla las 24 horas, y que le quedan cortas para hacer de las suyas.



Algo más

nn6.000 pesos costó el alquiler de la limusina que trasladó durante tres días a Charly García.


nnDurante el recital pidió la apertura de un instituto de música clásica y “que no falte nadie como lo hizo Sarmiento en la escuela”.


nnTambién sugirió que se abra otro instituto pero de rock, dirigido por Pity Álvarez, cantante de Intoxicados.


Lo que dijo en la conferencia

Durante un conferencia de prensa para algunos medios cuyanos, realizada en el bache que dejó la prueba de sonido y el show en San Juan, Charly García habló de muchos temas. Y por supuesto, tiró algunas frases ocurrentes.

“Lo que era Videla se repartió en mucha gente”, expresó en referencia al al gobierno militar del país en los ’70. Y aseguró: “Con el gobierno que mejor me fue es con el de Menem, porque él entendió que las estrellas del rock eran más importante que los políticos”.

También dejó ver su admiración por Atahualpa Yupanqui, diciendo: “No conozco la totalidad de su obra, pero siempre fui un admirador de él. Quizás es comparable a Mercedes Sosa. Grabaría un tema de Yupanqui mezclado con Fontanarrosa que diría: ‘El lobizón, yo no le canto a la luna’ ”.

Con respecto a la vuelta de Sui Géneris, lanzó algunas ironías sin confirmar nada: “No vuelve, se va (risas). Voy a seguir a Nito (Mestre) con lo que dice. Parece que hay más argentinos afuera que en el país por eso no sé si toquemos acá”.

“Yo creo que a John Lennon lo mató Estados Unidos. Como ellos mismos son los que tiraron las torres gemelas. Y lo peor es que nosotros pedimos gobiernos cada vez más totalitarios”, cerró diciendo en una particular mezcla entre el ex Beatles y el 11-S.




En su salsa. Charly García brindó un brevísimo show en San Juan antes de su recital, previsto para esta madrugada, en el Cacano Bar de Chacras.

Elección de músico. En el camino a la vecina provincia, Charly se compró un CD de Creedence.


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