Mendoza
Por miedo, ofrecen sexo en departamentos
Ya no sólo las prostitutas VIP atienden en su propio espacio. Cada vez son más las trabajadoras sexuales que en Mendoza optan por la modalidad de los privados, evitando los peligros de la calle. Según el gremio que las representa, la explotación no cambia.
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Cecilia Osorio cosorio@diariouno.net.ar
“Rubia, pechugona, petisita te espera en un lugar calefaccionado y privadísimo”. “Fantasías y masajes auténticos en un lugar íntimo”. “Tu visita es nuestro placer”. La invitación a un sexo pago y en departamentos se repite en las páginas de los clasificados demostrando que, en Mendoza, cada vez son más las prostitutas que trabajan puertas adentro.
La creciente inseguridad es la que empuja al traslado de las trabajadoras sexuales de la calle al edificio. Pero también el rédito económico: se alzan hasta con $300 por día y saben que cuentan con una clientela segura gracias a que son fuertemente publicitadas.
Intentando alejarse de los peligros de la noche, las conocidas como “prostitutas de guante blanco” caen en un submundo al que ni la policía ni las asociaciones que luchan por sus derechos tienen acceso. Por eso están marginadas del grueso de las 3.237 trabajadoras sexuales que hay registradas en la provincia. Se sitúan, sobre todo, en la capital mendocina. “La zona de tribunales es donde se manifiesta el auge de esta actividad”, advierten desde la sede local de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR).
“La verdad es que, cuando están afuera, el maltrato, la policía y la delincuencia las llevan a optar por un lugar en el que están aparentemente resguardadas”, dice una de las representantes de esa entidad. Aclara “aparentemente” porque, según ella, “a cambio de vivienda y sueldo, las mujeres son sumidas en un mundo de explotación y falta de prevención de enfermedades, producto del aislamiento”.
Bajo llave es más seguro
Lucrecia (nombre de fantasía) llama desesperada desde España y Colón. La noche anterior, un hombre que se trasladaba en un Dodge naranja le había dado, sin razón, una paliza en la calle. Comenta, desde el otro lado del teléfono, que está cansada y que tiene miedo de que un día sea peor.
El llamado que el miércoles a la noche recibió una de las integrantes del organismo que lucha por las trabajadoras sexuales delata una situación común a muchas de ellas. En más de un caso es la falta de resguardo y la sensación permanente de peligro lo que las llevan a decidir la reclusión en un departamento privado.
Esta modalidad y la promoción callejera de saunas o cabarets conforman la oferta sexual.
Según los datos que maneja la AMMAR, mientras que en los ’90 eran “sólo cuatro o cinco los departamentos”, en la actualidad la cifra asciende a unos 500, demostrando el crecimiento de los privados.
“Muchas me comentan que no tienen otra opción, porque por lo menos ahí tenés privacidad y si salís a la calle para dedicarte a otra cosa no se te cierran las puertas”, opina una de las voceras de la asociación.
“El 50% es para el cafisho”
A diferencia de las que trabajan en la calle, la mayoría de las chicas que ofrecen sexo en departamentos “deben rendir el 50% a su proxeneta”, como admiten desde el organismo de meretrices.
Pese a esto, según los avisos que buscan mujeres para dedicarse a esta actividad, por día pueden ganarse hasta $300. Esto, si se calcula que las chicas cobran desde $50 la hora, valor que difiere de acuerdo con el servicio que se brinde: hay masajes, fantasías y, en algunos casos, sexo grupal.
“En esos lugares, la prevención de enfermedades también está marginada”, advierte la mujer, agregando luego que “los dueños les pagan a los milicos para que no revienten los bulos”.
El problema está en la calle
“La policía no tiene acceso”, admite el comisario inspector Jorge Basualdo, luego de aceptar que el crecimiento de esta tendencia está respaldado por los avisos clasificados, internet y los celulares.
“El departamento es una propiedad privada; salvo que medie una denuncia y una orden de allanamiento judicial, no podemos controlar esta actividad”, apunta.
Para el comisario, el problema está dado por la prostitución callejera, ya que la actividad desarrollada entre cuatro paredes “no manifiesta una exhibición ni fomenta a la vista la prostitución. Es difícil saber cómo es la situación de estas mujeres, porque hay pocas denuncias”.
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perfiles
Las de la calle
nNo más de tres por esquina.
nSe llevan a lo sumo $150 por noche.
nNo necesariamente responden a un proxeneta.
nSus servicios van desde $20.
nSe autopublicitan en las calles.
nSuelen ser llevadas por la policía, la incumplir los artículos 54 (prostitución), 55 y 55 bis.
Las de “guante blanco”
nDe 4 a 8 por departamento.
nLevantan hasta $300 por día.
nDeben rendirle un porcentaje
a su cafisho.
nSus servicios van desde los $50.
nSe publicitan por medio de los diarios, e incluso internet y celulares.
nSalvo que medie una orden de allanamiento, la policía no tiene
acceso a los departamentos.
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Servicios “hot”. Los avisos de los diarios funcionan como un imán para los clientes.
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